lunes, 20 de octubre de 2014

Sin ti, yo no.

Hace rato que no se escucha nada, al fin hay silencio. Hace calor pero la casa parece estar fría como el hielo. Hay un jarrón roto a la entrada, aquel que compró con su mejor amiga en unos de sus viajes por el mundo; las llaves en el suelo, y bueno, no hablemos de su habitación... Los tacones estaban cada uno en una punta de la habitación, los peluches estaban todos tirados por el suelo, la americana que tan cara le costó reposaba a los pies de la cama y ahí, entre la penumbra, se encontraba ella. La almohada está húmeda y llena de maquillaje. Ella, por otra parte, se encuentra boca abajo con su osito de peluche al lado. 21 años y aún tiene la manía de abrazarlo cuando está mal.
Su móvil iluminó parte de la habitación cuando su mejor amiga empezó a llamarla. Media hora antes le había mandado un mensaje diciéndole que la necesitaba más que nunca y que ya estaba en el apartamento. La vibración consiguió levantarla pero cuando fue a descolgar, la llamada cesó. Se incorpora con cuidado y unas ganas tremendas de vomitar la invaden totalmente. Se levanta de la cama y consigue llegar a tientas al cuarto de baño. Después de aquel momento tan repugnante, e innecesario a su parecer, se mira al espejo. La pintura se le ha corrido completamente, los ojos los tiene totalmente hinchados, y parte de su vestido rosa de palabra de honor está manchado.

Entra en la habitación y enciende la luz, cualquiera diría que un tifón acababa de pasar por ahí, y tal vez sí, pero de rabia, de impotencia. La cabeza le da vueltas y se tumba. Mira el móvil, 7 llamadas perdidas; 4 de su mejor amiga y 3 de.. bueno, de él. Mira entre los mensajes enviados y encuentra dos que fueron mandados a las 5 de la mañana. De repente siente una punzada en el corazón y todo lo que había pasado en aquella noche de verano pasa como una película por sus ojos. ¿Qué haría ahora eh? ¿Qué?

domingo, 24 de agosto de 2014

Pasar página es cerrar el libro - LS

Cielo, se ha roto el reloj del salón, ni rastro queda de las notas que me dejabas en la mesilla por las mañanas que decían: "Pequeña, he ido a comprar el desayuno. Pd: no te preocupes, a comprar tabaco ya iremos juntos." Las paredes de esta casa echan de menos nuestras peleas por el mando los viernes por la noche cuando no nos apetece salir, y apenas encuentro películas con las que gritar como solíamos hacer nosotros, que nuestra vida no tenía nada que envidiar a su falso guión.

Hace unos meses, cuando me preguntaban si existían los imposibles, yo les contestaba que no, porque para mi era realidad lo que otros llamarían utopía. Y así fue como descubrimos que los mejores sueños se tienen despiertos. Pero cómo no, la vida ha venido a pedir cuentas y nuestro sistema besonómico, para nada deficitario, se ha desplomado sin que nadie nos ofrezca el rescate.
Hace unos meses, cuando me preguntaban como te conocí, yo les contestaba que no te conocía, no del todo, y que además eso era lo que más me gustaba, porque cada día tenía que descubrir una nueva manía de las tuyas: como que te gusta el café templado o que las noticias de la cinco te ponen nervioso; que los lunes ves esa serie americana de asesinatos o que, a pesar de hacer calor, tienes que taparte con las sábanas. 

Pero ahora, he aprendido que hay errores tienen nombre y apellido, que a veces valoramos más lo que no hacemos y que nos mintieron cuando nos dijeron que soñar era gratis, porque al final la realidad viene a cobrarte un par de hostias. He aprendido que levantarse tras la caída no es un deber, sino una necesidad, y que no son los labios quienes echan de menos los besos, sino los besos quienes extrañan tus labios.
Porque ahora soy yo la que ha escrito una nota y la he dejado en la puerta de casa y pone: "Cielo, salí a ver como era la vida sin ti y desde entonces no he vivido: vuelve. Pd: por ahí lo llaman amor pero yo le he puesto otro nombre, el tuyo, y espero que no te importe."

Y todavía no has vuelto.

martes, 15 de julio de 2014

Sei parte di me.

Amanece en aquella playa al sur de Italia, un espectáculo digno de ver sin duda alguna. Se encuentra entre sus brazos aún medio dormida. Él la abraza con fuerza y ella siente que es allí, acurrucada en su pecho, donde viviría toda la vida. Cierra los ojos y recuerda la maravillosa noche que han pasado juntos.

Serían cerca de las 11 de la noche cuando él llegó al apartamento. Lo estaba esperando con una falda larga azul y un top blanco precioso que se compró antes de irse de viaje. ¿Dónde se habría metido toda la tarde? Se marchó sobre las 8 de la tarde con el bañador todavía puesto y había vuelto con camisa blanca y vaqueros. Guapísimo como siempre. 
-Estás guapísima cariño. ¿Nos vamos a cenar ya?
-No más que tú mi vida y sí, cuando quieras, yo ya estoy lista.  
Ambos salieron del apartamento y al llegar al paseo marítimo, él le tapó los ojos con un pañuelo de seda que tenía guardado en el bolsillo del pantalón.
-Te tengo preparada una sorpresa, confía en mi.-Le susurró al oído.
Un escalofrío recorrió su delgado cuerpo y afirmó con un ligero movimiento de cabeza. Caminaron la larga calle hasta llegar a un playa bastante chiquita e íntima. 
-¿Preparada?
-Sí.-Contestó nerviosa.
Cuando le quitó el pañuelo y vio lo que le había preparado se quedó muda. Había un camino de velas encendidas hasta llegar a una mesa para dos que estaba rodeada con un enorme corazón también hecho con velas. Era la escena típica de las películas románticas que tanto le gustaban a ella. Se dio la vuelta y lo besó.
-Esto es precioso, gracias mi amor.
-Esto es tan sólo el principio.-La coge de la mano y la lleva hasta la mesa.
La cena estaba riquísima y con la luz de la luna llena y las velas alumbrándolos todo era aún más perfecto. Después de tomarse una copa de su helado favorito, él le ofreció su mano para enseñarle lo más especial de la noche. Tan sólo tuvieron que caminar unos metros para que una pequeña carpa blanca se alumbrara con un centenar de luces blancas. Dentro había una enorme cama adornada con un "ti amo" de pétalos. La llevó hasta ella y ambos se sentaron.
-Todo esto es increíble... -Le dijo ella.
-Tan sólo quería que nuestra última noche aquí fuera especial, y además quería confesarte algo. Hace mucho que nadie me hacía sentir lo que tú me haces sentir, y de hecho creo que nunca he querido a nadie como te quiero a ti. Eres especial, lo mejor que tengo en esta vida y no te quiero perder jamás.
Sus ojos reflejaban tanta sinceridad que se le aceleró el corazón. Se levantó de la cama y se colocó de pie entre las piernas de él. Lo estaba mirando fijamente con sus grandes ojos que ahora brillaban con más fuerza que antes.
-No sólo has hecho que esta última noche sea especial sino que has hecho que este viaje sea único y que mi vida sea perfecta a tu lado. Sólo tengo que decirte algo y escúchame atentamente... - Se acerca lentamente a sus labios mientras rodea el cuello con sus brazos- Te amo.
Y antes de que le diera tiempo a responder, lo besó como nunca antes lo había hecho. 

jueves, 10 de julio de 2014

Alivio.

Este siempre ha sido su lugar favorito cuando siente que el mundo se le viene encima y, bueno, cuando no se le viene también lo es. Tiene vistas de toda la ciudad y por supuesto de aquel gran faro que con su luz diferencia el mar infinito. Asimismo, es el lugar donde pasaba las tardes con su abuelo. Allí le contaba miles de historias de la cuidad, del faro y de todo lo que él había vivido. Lo echa tantísimo de menos que pagaría todo el oro del mundo por verlo y abrazarlo una vez más.
Se echa para atrás y observa su tatuaje de la cadera. Se tatuó aquella ancla en su recuerdo y de aquel lugar. Desde que lo tiene lo siente más cerca, aunque sabe que está demasiado lejos de ella. Se detiene a mirar el centenar de constelaciones que decoran el cielo, una de ellas tiene forma de corazón. Sonríe. Sin duda alguna es una noche perfecta para estar acompañada. Tal vez si lo llamara iría a buscarla. Suspira y mira el móvil. Nada, no la ha llamado. Seguro que está demasiado ocupado como para acordarse de esta niña infantil. Su abuelo siempre le decía que a los hombres les solía gustar las chicas un poco alocadas y con su toque de niñas chicas. Ella será la excepción que confirma la regla, o al menos eso piensa. Quizás él sabría qué decirle en esta cosa llamada amor. Opinaría sobre si es mejor continuar y arriesgarse o dejarlo pasar.
Supongo que mientras tanto sólo queda imaginar que al final se le acabarán yendo esas historias de la cabeza y qué irónico, cada vez que lo piensa, cada vez le gusta más.

sábado, 7 de junio de 2014

Gracias.

Una época que termina es otra época que empieza. Seis años después nos despedimos de lo que fue un cambio de la infancia a la adolescencia y bueno, he aquí el resultado. Muchos momentos buenos y malos han sido los vividos en Blas Infante y ni que decir queda que los buenos valen más que los malos, aunque estos últimos nos hayan hecho aprender. Sin duda alguna me quedo con las experiencias vividas, los intercambios, los profesores que nos han ayudado hasta el final, los besos y abrazos entre los cambios de clase, los spoilers en clases de filosofía, las risas con los compañeros, las peleas entre ciencias y letras... En general, con una lista interminable de cientos de cosas que quedarán guardados en una parte de mi corazón. Pero por supuesto me quedo con las amistades, con aquellos que han marcado esta época de aprendizaje. Son ellos los que han hecho que todo haya sido más ameno, los que nos han dado la mano para seguir adelante en los peores momentos, los que han llorado y reído contigo, los que te han enseñado lo que es un amigo de verdad y que alguna vez que otra han hecho de celestina, los que te dejaban las tareas cuando se te habían olvidado o los que te chivaban a lo bajito aquella palabra que no te acordabas en un examen de cmc. También han sido ellos con los que te has ido de viaje, con los que te has peleado por poner una fecha de examen, con los que te has ido a la biblioteca a estudiar o con los que te has ido de fiesta. Ellos, en conclusión, son los que han marcado ese antes y ese después convirtiéndose en personas esenciales en tu vida.
Ahora empieza algo nuevo, algo diferente, y no negaré que existe dentro de mi algo de miedo. Pero dicen que todo lo bueno empieza con algo de temor, ¿no? Sí, serán nuevos compañeros, nuevas sensaciones, nuevas experiencias, nuevo temario... ¿Pero quien dice que no será bonito? Con sus más y sus menos como en todo, pero cuando se termine estaremos orgullosos de ello, como ahora mismo estamos de esta finalización de Bachillerato. Aquí es donde empieza de verdad nuestro futuro, y cuando esté en una guardería rodeada de niños pequeños que me llamen "seño" recordaré que lo que en su día fue un sacrificio es lo que en un presente me da la felicidad. 
Y sin más que objetar, sólo queda dar las gracias a los que han estado a mi lado; mi familia y mis amigos. Espero que aunque nos pueda distanciar un poco nuestro nuevo comienzo, no perdamos nunca el contacto y que por supuesto, nunca nos separe el olvido. 
¡Que nunca te digan que no se puede! 

miércoles, 4 de junio de 2014

Dulce tentación.

Recorro con la yema de mis dedos su espalda, aquella que horas antes estaba siendo arañada con mis propias uñas. Se ha quedado dormido después de un encuentro fortuito pero a la vez totalmente ansiado. Qué loca es esta situación, y que digna de repetir una infinidad de veces más. Quien me diría a mi que al entrar por esa puerta acabaría en esta cama. Dijimos de quedar para estudiar, y bueno, podríamos decir que la anatomía la hemos estudiado bien, aunque que pena que ninguno de los dos tenga esa asignatura en la carrera. 
Me levanto con cuidado de no despertarlo y entro al cuarto de baño. No creo que le importe que me de una ducha así que abro el grifo y mientras sale agua caliente me hago una coleta. Me tapan los ojos y por un momento me pregunto quien podrá ser (pregunta estúpida la mía, sí). Sonrío y le pellizco el culo. Hace como si se quejara pero no lo consigue. Me mira fijamente sonriente y tras un buen rato sin mediar palabra me da un largo beso, de esos que te erizan la piel y te dejan sin aliento. 
-¿Quieres que me duche contigo? - me pregunta.
-Claro que sí, eso ni se pregunta. 
El agua está a la temperatura perfecta, y combinada con sus caricias estoy rozando el paraíso de nuevo. La verdad me pregunto porqué me habré hecho una coleta si al final se me ha mojado el pelo. Él y sus impulsos incontrolables de estamparme contra la pared y hacer que el agua de la ducha nos empape son los culpables de dicho hecho. Aunque bueno, admito que esta vez  la culpa fue mía. Y es que, la tensión existente en ese mismo instante en aquel cuarto de baño superaba lo inimaginable. No me considero culpable de esta lujuria que se apodera de mi cuerpo y alma cuando estoy con este estúpido y sensual hombre digno de admirar. 
Ahora mismo está enjabonándome con delicadeza la espalda y un escalofrío recorre cada centímetro de mi cuerpo en apenas un instante. Me doy la vuelta y lo miro. Empiezo a enjabonarle el torso sin quitarle la mirada. Cada segundo que pasa siento que se aproxima algo incontrolable, y digo incontrolable porque es algo que aunque se pueda detener, el deseo es superior a la propia fuerza de voluntad. Me detiene la mano y hace que suelte la esponja. Pega mi cuerpo al suyo y me besa. Empieza por mis labios y prosigue por mi cuello y la oreja, sabe demasiado bien mis puntos débiles. Su mano rodea mi pequeña cintura y yo me dejo llevar, una vez más. 


lunes, 19 de mayo de 2014

Divino deseo.

Tan sólo se escuchan sus risas. Son tan sencillas y verdaderas al igual que sus sonrisas, que es todo un honor poder contemplarlas. 
-¿Sabes la cara de felicidad que se te pone al ver niños pequeños?
Gira la cabeza y se encuentra con su mirada. Para él el mayor placer es poder ver su rostro y el brillo de sus pequeños ojos verdes cuando un niño pequeño está cerca de ellos. La ve sonreír y parece que se le ilumina el alma.
-¿Y tú sabes con la ternura que tus ojos me miran a mi?
Se sonroja, y se ríe. 
-Imbécil.
-Te encanto y lo sabes de sobra, guapo.- Y le da un beso en la mejilla.
Aquella calurosa tarde le recuerda a su infancia, a aquellos días que salía al parque a jugar con la pelota acompañada de su papá. Que rápido ha pasado el tiempo. Ahora es toda una mujer con millones de responsabilidades encima, y parece que fue ayer cuando lo que más le preocupaba era que su madre no la dejara dormir con todos sus peluches las noches de tormenta. Sonríe al recordarlo. Siempre les pedía perdón a los que dejaba encima del baúl y se quedaba dormida abrazando a los otros, tan sólo le bastaba con eso para sentirse segura. Ahora en cambio ha sustituido a su osito de peluche por aquel maravilloso chico que está a su lado y que tan loca la tiene. Quién diría que 18 años después de aquellas tardes de saltos sobre el sofá, ya se habría independizado, y que sólo tendría tiempo de visitar a sus padres cuando los estudios, el trabajo y su noviazgo se lo permitían.
Saca las llaves de su bolso y abre la puerta. La verdad es que no se puede quejar, tiene un estupendo piso tipo loft como siempre había soñado. Suelta sus cosas en el cuarto y nota que él la ha seguido por detrás. Se queda quieta, y nota su aliento tras su nuca. Sus suaves manos acarician su espalda descubierta. Un beso en el hombro hace que se estremezca. Se da la vuelta y lo ve ahí, quieto y con una mirada penetrante. El choque de ambas miradas hacen que centenas de chispas aparezcan entre ellos. Él se acerca lentamente a sus labios mientras que a ella se le acelera el corazón. La agarra de la cintura y la besa. No era un beso cualquiera por supuesto, era un beso que hacía revolotear con más fuerza las mariposas que anidaban en sus estómagos. La coge y la estampa contra la pared. Un nuevo encuentro de pasiones está por llegar. 
Sus respiraciones entrecortadas delatan el anhelo de ambos. El tirante derecho cae con delicadeza por su hombro, e instantes más tarde cae el otro. El vestido se desliza por sus curvas hasta que se encuentra totalmente en ropa interior. Lo mira desafiante y empieza a desnudarle. Ahora si que están en igualdad de condiciones, aunque en cuestión de segundos ambos cuerpos se encuentren totalmente desnudos en aquella cama de matrimonio, abrazando al placer en cada movimiento. 
Y sí, fue así como una vez más el atardecer fue acompañado por el amor y el deseo, sin prejuicios, sin dudas, sin juegos de niños pequeños...

martes, 13 de mayo de 2014

Brutalmente fugaz.

La toalla cae al suelo dejando al descubierto su esbelta figura y aquel tanga de seda que se compró la semana pasada. La mira atónito, su cuerpo para él es un paraíso en el cual se perdería un millón de veces más. Se pasea a su lado sabiendo que lo está volviendo loco. Se inclina junto a él para coger el sujetador que había quedado rezagado a los pies de la cama y al subir acaricia la entrepierna del que horas antes estaba besando cada lunar existente en su cuerpo. Lo mira con cara de traviesa y saca la lengua. Sabe de sobra que no puede resistirse a su encanto femenino. Observando sus miradas, cualquiera diría que está a punto de estallar la Tercera Guerra Mundial entre esas cuatro paredes de nuevo. 
Recorre con sus grandes manos su cadera hasta llegar a sus omoplatos. La tumba encima de él, ahora sus sugerentes pechos rozan el pectoral recién depilado de él. Y empiezan las caricias, los besos en el cuello y el jugueteo de las lenguas. La libido comienza a aumentar en aquella tarde-noche de pleno Mayo, aunque pronto se estabiliza cuando el teléfono suena, reteniendo el deseo carnal de aquel par de adolescentes. Levanta la cabeza y mira el reloj, las diez y cuarto. Se levanta rápidamente y se pone el sujetador. Él, jadeante, observa como su gran debilidad se maquilla a toda prisa. Otra vez ha sucumbido a sus encantos.
Coge los vaqueros de pitillo oscuros que había dejado en la silla del escritorio y da un saltito para ponérselos del todo. Elige velozmente la blusa celeste de palabra de honor y se la pone. Se sienta al lado de ese hombre tan jodidamente atractivo mientras termina de ponerse los tacones. Lo mira, le besa y sonríe. Ya está casi terminada, ¡y en apenas 10 minutos! Nadie podría llegar a imaginar que una mujer tardara tan poco en arreglarse. Se levanta y se mira en el espejo mientras aquellas gotas de vainilla empiezan a caer lentamente por su cuello. Parece salida de una pasarela, aunque tal vez le haría falta crecer un poco más para tener la estatura perfecta. Pero a ella eso no le preocupa, ha aprendido a quererse a si misma y a vivir el ahora, el presente, sin tener en cuenta lo que podrá pasar en un futuro y ya sólo mira atrás para ver en el espejo el culazo que le hacen los vaqueros.
-¿Nos vamos, guapo?-le pregunta mientras coge el casco de la moto.
-Claro, preciosa.-le responde poniéndose bien el cuello de la camisa. 
Salen de la casa y bajan a la cochera.
-¿Te dejo en casa? Me pilla de camino.
-Si no te importa si, no quiero ser molestia.
-Anda sube, y deja de decir estupideces enano.
Apenas tardan en llegar unos cinco minutos. Ambos bajan de la moto y mientras ella guarda el casco que le había dejado, él tan sólo la observa. "Es preciosa" piensa. 
-Bueno, me tengo que ir que voy a llegar tarde. Gracias por esta tarde tan... Estupenda.
-Cuando quieras repetimos.
Ella se limita a darle un beso y se va alejando con la moto. Es tan brutalmente ella, tan brutalmente besable.

martes, 6 de mayo de 2014

Come what may.

Son las once y media de la noche y su habitación es la única que sigue encendida en la casa. Está cansada, lleva todo el día estudiando aunque no ha conseguido los resultados que pretendía obtener en esa larga tarde entre libros. 
Le vuelve a despistar la vibración de su móvil, otra llamada pérdida. Ya van 5. No tiene ganas de hablar con nadie. Sólo quiere estar sola, o quizás sólo necesita un abrazo en el que termine derramando esas lágrimas que le molestan en los ojos pero son tremendamente tímidas para salir. Decide dejar de estudiar y cierra el enorme libro de psicología que tanto estrés le causa. Se mira al espejo y se da cuenta de la mala cara que tiene. Suspira. Mira el móvil de nuevo; 90 mensajes de 7 conversaciones. No tiene ganas de dar explicaciones así que lo vuelve a bloquear y busca entre los cajones el paquete de tabaco que compró esa misma mañana. Se asegura de que sus padres están dormidos y sale al balcón. Qué irónico, ella que dijo que nunca fumaría ahí está, relajándose con cada calada que da. 
Debe ser frustrante esforzarse al máximo para conseguir muy poco, o directamente no conseguirlo. 
-¿Qué harías tú en mi situación abuelo? Baja y échame una mano que siento que no puedo...
Una lágrima empieza a recorrer su mejilla. Nunca perderá la costumbre de mirar al cielo para hablarle a su abuelo, sabe que al menos él si la escucha aunque nunca obtenga respuesta. Siempre quiso poder llegar a conocerlo, al menos haber podido darle un beso. Su abuela cada vez que puede le recuerda que él siempre había querido tener nietas, para poder mimarlas y tratarlas como unas princesas. Tal vez eso y el hecho de tener los mismos ojos que él es lo que la llena tanto de tristeza. 
Apaga lo que le queda de cigarro y se sienta en el suelo. Ha refrescado y aquella noche de Mayo se ha convertido en una noche perfecta para que una pareja de enamorados salgan a besarse en cada rincón de la silenciosa ciudad.
Tal vez debería de haberle cogido el móvil, pero sabe que si lo hacía acabaría llorando como una magdalena. Ojalá estuviera ahí, lo necesita.
-¡ENANA!- el grito la asusta por un momento.
Se levanta y se acerca despacio a la barandilla.
-¿Qué haces aquí a estas horas? - responde totalmente sorprendida.
-No me cogías el móvil y estaba preocupado.
-Pero es muy tarde, no deberías de haber venido hasta aquí.
-Anda calla y ábreme la puerta que necesito darte un beso.
Se hace la indignada pero sus ánimos acaban de subir como la espuma. Abre con cuidado la puerta y ahí está él, algo despeinado pero tan guapo como siempre. 
-Mi vida, estaba preocupado.
-Lo siento, no quería...
Y antes de que terminara la frase, se lanza hacía ella y le da un beso. Un beso que la hizo entrar en calor y no sentir el frío de la soledad.
-No me vuelvas a dar estos sustos, si te pasa algo me muero.



jueves, 24 de abril de 2014

Nos empeñamos..


Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día, y no nos damos cuenta de que es ella quien tiene que encontrarnos. Y eso será donde menos te lo esperas: en el instituto, en el supermercado, o en mitad de una huida. 
Y cuando llega descubres que ahí no acaba todo. Que el final de un camino solo es el principio de otro, y lo único importante es la persona que escoges para que camine a tu lado... Aunque sea para esconderte en un desierto, y esconderse es lo que menos te importa, lo que te importa es que estás tocando con la yema de los dedos eso que has estado soñando toda tu vida. Y ya solo importa el hoy, el presente, y lo que queda por venir, porque no se puede borrar lo que ya está escrito, y porque la vida es aquello que te sucede mientras tú tratas de hacer otra cosa.

domingo, 20 de abril de 2014

La memoria no guarda películas, guarda fotografías.

Una vez le preguntaron a Lewis Hine, un fotógrafo de guerra, porque había elegido esa profesión. Él contestó que si pudiese contar con palabras todo lo que veía, no necesitaría cargar todo el día con una cámara de fotos. Que ciertos momentos de belleza, de desolación, de horror y de heroísmo, estaban más allá de las palabras. Yo también lo creo, hay cosas que no podemos explicar con simples palabras; cosas como seguir vivos, sentimientos como el amor y el compromiso, o sensaciones como volver a abrazar a un amigo. Quizás por eso nuestra vida se compone de imágenes, momentos congelados en el tiempo para siempre, de decisiones que cambian sin remedio el rumbo de las cosas, de fotografías fijas guardadas en la memoria que nos recuerdan cada segundo lo hermoso que es vivir.

lunes, 31 de marzo de 2014

18.


Hoy hace 18 años que esta pequeña niña loca nació y que, según el primer hombre que me tuvo entre sus brazos, fui la alegría y el orgullo de muchos. Sí, hablo de mi padre, ese hombre que es el verdadero hombre de mi vida, al que le tengo que agradecer millones de cosas y me quedaría corta, el que hace que me ría sin parar con sus pegoletes, el que me da cada día una razón nueva para estar orgullosa de tenerlo como padre, y por supuesto, al que amo con locura aunque me haga de rabiar. Junto a él está la mujer que me coge de la mano y no me suelta, ni tampoco quiero que me suelte nunca. Hablo de mi madre, con la que me puedo desahogar cuando no puedo más, la que me ayuda cuando no encuentro la salida, la que me escucha y me aconseja, y por supuesto no me juzga, sólo me advierte. Soy yo el reflejo de ellos, yo soy como soy porque ellos me han criado así, a su manera, la mejor de todas a mi parecer. Tendremos nuestros más y nuestros menos pero nunca negaré que son mi ejemplo a seguir en un futuro. Gracias mamá y papá.

Por supuesto quiero darle las gracias a los de siempre, a los que están ahí en las buenas y en las malas, a los que nunca fallan, a los que pasan las tardes escuchando las mismas cosas pero siguen interesándose, a los que llegan para quedarse y nunca irse o a los que llevan tiempo y no se van a ir jamás. También a los que llegan por que sí y vuelven a cambiar tu vida, y hacen que vuelvas a creer en ciertas cosas, que tengas nuevas ilusiones, que veas la vida de otra manera y que seas extremadamente feliz que hasta te duela la cara de sonreír. A aquellos con los que vas cada viernes a tomar café y acabas echándote miles de fotos, con los que cada momento es único, con los que cualquier plan es buena idea porque estamos juntos. Y además, darle las gracias a aquellos que están lejos pero que aún así te siguen demostrando que lo eres todo para ellos. Y bueno, darle las gracias a esa persona que no llegué a conocer pero se que me protege desde arriba, (tú también haces mucho en mí, abuelo). 

Este año he madurado y se lo que es valorar verdaderamente lo que uno tiene, así que sólo me queda añadir que tendréis a esta cabezona para muuuuuuucho tiempo. ¡Os quiero!

martes, 18 de marzo de 2014

L'amore è una cosa semplice.

Vuelvo a acariciarle la piel con cuidado de no despertarlo. Son casi las 10 de la mañana y el sol radiante entra por la ventana. Hace un estupendo día para que se pierda una pareja de enamorados entre las calles de esta maravillosa ciudad. 
Cuando vuelvo a mirarlo me doy cuenta de que se ha dado la vuelta y se encuentra de lado mirando hacía mi, aunque aún está dormido. Parece un niño pequeño, y la verdad es que me tiraría horas y horas mirando su rostro al dormir. Se me hace casi imposible resistirme a darle un beso, así que me inclino con cuidado y le doy uno en la frente. Aún recuerdo aquel día en el que me dio uno después de secarme las lágrimas. En ese momento todavía no estábamos juntos pero ya me traía loca perdida. Además, fue la primera tarde que estuvimos a solas. Era una tarde del aquel largo y frío Enero, acababa de pelearme con mi madre por haberme planeado el fin de semana sin consultarme y por si fuera poco, el curso académico no estaba marchando según mis expectativas. Necesitaba desahogarme y como no, él estuvo ahí el primero de todos para tenderme la mano. "Lo que más deseo en el mundo es que seas feliz.". Sí, esas fueron sus palabras después de darle las gracias por haberme alegrado la tarde. Y sí, creo que también fue el momento en el que me di cuenta que aquel muchacho de ojos verdes con pinta de chulo, valía más la pena de lo que cualquier persona podría llegarse a imaginar. 
De repente, como si hubiera escuchado mis pensamientos, abre los ojos y me encuentro con su mirada. Veo como me dedica una sonrisa, esa sonrisa tan diferente a las demás, que tiene un añadido que me hace perder el Norte y por qué no, también el Sur. Y a su vez, también aparecen esos hoyuelos que se dibujan hasta cuando pone cara de enfadado. Me encanta. Es inevitable no quererlo. Me envuelve entre sus brazos y me atrae hacía él. Su pecho, si, creo que estar apoyada en su pecho es uno de los mejores lugares donde cualquier persona puede estar. ¿Y qué decir del aroma de su cuello? Es ese aroma que hace que cierre los ojos y me traslade a otro lugar.
-Buenos días, amor.
-Buenos días, precioso. ¿Sabes que me encantas hasta durmiendo?
-¿Y tú sabes lo bonito que es despertarme y que seas tú lo primero que vea al abrir los ojos?

sábado, 8 de marzo de 2014

Entra la luz del sol por la ventana hasta hacer desaparecer cada sombra que queda en aquella habitación. Aquella que horas antes estaba llena de risas, caricias y besos, muchos besos. Se da la vuelta, le apetece dormir cinco minutos más a pesar de que sabe que tiene que estudiar. Y además tiene frío, tal vez es que extraña el calor de estar entre sus brazos. Se arropa más aún y cuando está a punto de quedarse dormida de nuevo, suena la alarma del móvil.
-¡Maldita sea!
Resignada, se incorpora y mira a su al rededor. Lo que le gustaría haberse despertado con sus besos como lo hizo ayer. Un escalofrío le recorre el cuerpo de arriba y abajo pero no precisamente de frío. Vuelve a sonar su móvil pero esta vez es el whatsapp. ¡Estaba tan sumergida recordando lo de ayer que ni se había acordado de mirarlo!
"Buenos días dormilona, ¿sabes? He soñado contigo y conmigo, o más bien, con nosotros, que es más bonito. Espero que hayas descansado y dormido bien. No sabes lo que te echo de menos. ¡Ah! Y que te quiero, no lo olvides."
Sonríe cual boba mirando la pantalla de su querido Samsung mini.
"Buenos días cariño, ¿sabes? Así si que se comienza bien el día. No paro de recordar lo de ayer, eres de lo que no hay, no se cuantas veces te lo voy a decir. Yo también te echo de menos, y te quiero más aún."
Se levanta pegando un saltito y se dispone a hacer cosas. Se mira al espejo y recuerda cuando 10 horas antes se encontraba allí mismo pero con él abrazándola por detrás. ¿No es precioso? Sí, si que lo es. Empieza a hacer carantoñas y se ríe con ella misma, es feliz, quizás es que ya era hora de serlo.

jueves, 6 de febrero de 2014

Buscamos.

Nos pasamos la vida buscando a alguien que en los días fríos nos abrace y en los que no también. Alguien que cuando el mundo se nos eche encima nos tienda la mano y nos levante, o que simplemente se tumbe con nosotros para sostener el peso de la gran carga. Buscamos a alguien que nos haga reír y que consiga que cada vez que lo volvamos a ver, esas mariposillas revoloteen en nuestro estómago. Buscamos a alguien que convierta los domingos en sábados, y que nos de alguna que otra sorpresa entre semana. Buscamos a alguien que de verdad nos quiera y tengo miedo a perdernos. En fin, buscamos.

jueves, 16 de enero de 2014

No muero de amor, muero de ti.

Se levanta de la cama. Lleva horas intentando dormir pero es prácticamente imposible. Su cabeza le da miles de vueltas, hay demasiadas preguntas sin respuesta. Tiempo, tan solo necesita esperar un tiempo. Pero, ¿cuánto? Enciende la lámpara de estudio y se ilumina parte del cuarto. Sus padres llevan durmiendo desde hace horas. Mientras ellos estaban conciliando el sueño, ella estaba llorando por la frustración que sentía. Esto del amor es muy jodido, ahora lo sabe bien. Se mira al espejo. Tiene puesto su antiguo pijama azul. Después de haber perdido algún que otro kilo de más durante estos últimos meses le vuelve a quedar bien, e incluso grande. Está despeinada y sus ojos siguen rojos. Sus dudas vuelven a aparecer. Se observa detenidamente. Está apagada, y se nota en su mirada, hasta ella lo nota. Intenta sonreír pero no lo consigue, le cuesta. Se pone de perfil y pasa sus manos por sus curvas. Suspira. Vuelve a ponerse de cara al espejo y hace una carantoña. Ojalá hubiera ahora mismo alguien a su lado para hacerla reír, le hace mucha falta. O por lo menos para que la abrace fuerte, para sentirse querida. Rompe a llorar.
"¿Quién iba a enamorarse de este desastre? Soy una cabezota que cuando puede siempre intenta llevar la contraria a todos. Tengo una manera extraña de ver el mundo. Vivo en mi mundo de 'yupi' en el cual me gustaría que me acompañara él pero no tengo esa suerte. Tengo miles de defectos por muy pequeños que sean. Tengo miles de miedos que me comen por dentro, aunque luche contra ellos día a día. Soy frágil, mucho. Soy muy pastelosa, pero igual que puedo decirte lo más bonito que hayas oído jamás, también puedo ser muy borde. También soy muy impredecible, aunque tal vez eso sea lo interesante de estar conmigo día a día ya que nunca sabes por donde puedo llegar a salir. Siempre puedo llegar a sorprender. Pero bueno, quizás no soy ese tipo de chica que a alguien le interese conocer, o tal vez, es que soy demasiado fácil de conocer. El caso es que lo que deseo no lo tengo, pero no me voy a rendir, no soy de esas. Lo difícil es lo que, normalmente, vale más la pena."
Se seca las lágrimas. Quien fuera capaz de leerle la mente se volvería loco. Se vuelve a la cama y se arropa. Se conecta a whatsapp y no tiene ningún mensaje, pero cuando se dispone a cerrarlo le llega uno.
-¿Qué haces todavía despierta?
"Esta loca siempre está pendiente de mí, no se que haría sin ella."-piensa.
-No paro de darle vueltas a la cabeza.-le respondo.
-Otra vez él, ¿verdad?
-Sí.
-¿Y no tienes sueño?
-No, ni tampoco lo tengo a él.

miércoles, 8 de enero de 2014

Amor con insomnio y cafés de madrugada [2]

No se como lo consigue, me encuentro sumergida en un mundo de fantasía en una ciudad que aún no ha despertado del todo y está inundada de soledad. Ya me habían hablado de que el amor te hacía sentir como en una nube, pero no sabía que sería de esta forma porque... ¡vaya nube! O mejor dicho, ¡pedazo de hombre que tengo sentado aquí a mi lado! 
Sí, sin duda alguna creo que ha sido una de las mejores noches que he pasado en mis 18 años de vida, aunque tampoco me acuerdo de muchas claro. Este bohemio empedernido se ha empeñado en hacerme la mujer más feliz del mundo, y se dejará la piel en ello para conseguirlo según me ha dicho en la velada tan romántica que me ha organizado. Pero lo que no sabe es que con que esté a mi lado cuidándome y haciéndome reír es más que suficiente. Me acaricia los nudillos de la mano izquierda una vez más y giro la cabeza. Me encuentro con sus ojos cálidos a estas horas tan tempranas de la mañana, parecen que son café y té unidos en uno y dan ganas de bebérselos muy lentamente, porque de perderme en ellos ya me perdí hace tiempo. Me sonríe e irradia una felicidad que hasta el taxista se da cuenta. En cinco minutos llegamos a nuestro destino y ambos nos damos cuenta de que nos hemos quedado embobados mirándonos el uno al otro. Sonreímos como dos niños ilusionados y me besa en el cuello. Me ruborizo de los pies a la cabeza, maldito poder tiene sobre mí. Paga el taxi y rápidamente me abre la puerta y me tiende la mano como un caballero. Salgo con cuidado de que mi equilibrio no me traicione, cierra la puerta, le da las gracias al hombre y me pasa la mano por la cintura.
Apoyo mi cabeza sobre su hombro, y me dejo guiar por él. No estoy cansada, de hecho, sólo tengo ganas de saltar. Han pasado millones de cosas esta noche que jamás podré olvidar. ¿Quién me diría a mi meses anteriores que acabaría así con él? Sin darme cuenta ya hemos llegado a mi urbanización, y me está mirando de reojo esperando a que me de la risa tonta por la que tanto me caracterizo. Le encanta que sea así de risueña y a mí, bueno, a mi me encanta que le encante. Intento mantenerme seria para parecer formal, pero empieza a hacer carantoñas y acabo estallando en carcajadas. Es lo más pegoso que existe y a mi me tiene embobada. Cuando me tranquilizo, me acaricia con la palma de su mano en la mejilla y yo inclino mi cabeza hacía su dirección, buscando su calor. Cierro los ojos para disfrutar de cada roce entre su piel y mi piel. Él se pega más a mí. Estamos pecho contra pecho y yo siento su respiración en mi oído.
-¿Sabes? Me ha encantado pasar esta noche junto a ti...-Me susurra muy flojito.
-Sólo puedo describir esta noche como maravillosa, gracias por cada una de las sorpresas, eres increíble.-Le respondo aún disfrutando de esa lenta y ardiente caricia.
Pasamos así los siguientes 10 minutos, abrazados, como si nada más importara. El sonido de su móvil nos sorprende. Es su hermano preguntando si está de camino a casa y si ya de paso traía el desayuno. Desgraciadamente llegó el momento de decir adiós. Nos miramos y le abrazo muy fuerte. No quiero separarme de él. Se aparta y me da un beso en la mejilla. Y por último y no menos importante, me dedica una gran sonrisa. Segundos más tarde lo veo alejarse camino a casa y yo me dispongo a buscar las llaves en el bolso.
De repente, como si lo sintiera de nuevo cerca, miro hacía la derecha. Estaba ahí de nuevo, a mi lado, sonriéndome y con las pupilas dilatadas.
-Me olvidé de algo.- Y nos perdimos en un cálido y largo beso.

martes, 7 de enero de 2014

Amor con insomnio y cafés de madrugada [1]

Con un difícil adiós y un beso tímido pero sonoro, ambos se despiden. El silencio se hace en la habitación y él ya no aparece conectado. Ya lo extraña. Cada día el tiempo que pasan el uno y el otro delante de esa pantalla del ordenador, compartiendo palabras, risas, sonrisas picaras y miradas de complicidad se pasa más rápido. Apaga el ordenador, y lo guarda. Se levanta de la silla y mira el reloj el cual marca las 8 y media de la tarde. Han estado más de cuatro horas hablando y parece que hayan sido sólo una. ¡Se está volviendo loca! O bueno, más bien, él la está volviendo loca. Es diferente, pero no diferente de ese famoso "es que él es diferente, no es como los demás". Ese tópico está muy visto y demasiado pronunciado por a saber cuantas féminas distintas. Nunca había conocido a una persona con esos pensamientos, con esos ideales tan claros, quizás eso es lo que le atrae más de él, de su personalidad. O también ese brillo de sus ojos, o esa sonrisa, ¡qué sonrisa! Suena su móvil y eso la devuelve a la tierra. Es un mensaje de whatsapp, de él. Sonríe inconscientemente, lo lee rápidamente y contesta. Se encuentra frente al espejo y se da cuenta que tiene una sonrisa de tonta dibujada en la cara, la hace muy feliz sin darse apenas cuenta de ello. Se da la vuelta y echa un vistazo a su armario, tiene tanta ropa que no sabe que ponerse. Tras 5 minutos sentada en la cama observando toda su vestimenta, se decide por ese mono negro que se compró hace poco. Coge la ropa interior un tanto pícara aunque sabe que sólo la disfrutará ella y se mete en el cuarto de baño. 
Sabe que no tiene mucho tiempo como para darse un baño, así que pone un poco de música y en 10 minutos sale de la ducha. Mira el reloj de nuevo, a tan sólo 45 minutos de la que sería una larga noche sin saber nada de él. ¿Por qué le tuvo que salir ese imprevisto? Se mira resignada al espejo, suspira y continúa. En aproximadamente media hora ya está prácticamente terminada. Se rocía con unas gotas de su colonia de vainilla, se pone sus tacones y se retoca por última vez. Sus padres se quedan sin palabras al verla, ha crecido demasiado rápido y se dan cuenta que ya es toda una mujer aunque a veces la traten como a una niña pequeña. Sale de casa y mientras espera el ascensor contesta los mensajes que le habían mandado, por supuesto a él el primero y diciéndole que está saliendo de casa y que lo echará de menos. 
Llega en un abrir y cerrar de ojos a la parada donde habían quedado, ha llegado tan sólo 5 minutos tarde y no hay nadie. Mira el móvil y no tenía ningún mensaje de sus amigas, le parecía muy extraño. Para su sorpresa, alguien le tapa los ojos. Huele a él. 'Es imposible' piensa. Se acerca a su oído y le dice '¿me esperabas?'. Su corazón le da un vuelco. Se da la vuelta y ahí está, ahí está él. Se para un momento a analizar todo lo que está pasando. Él está ahí, guapísimo, con un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Se lanza a sus brazos y le besa la mejilla, no puede creérselo. 
-¿Qué haces aquí?-le pregunta- Él sonríe, se limita a contestarle con un 'confía en mí' y le da un beso en la frente.