No se como lo consigue, me encuentro sumergida en un mundo de fantasía en una ciudad que aún no ha despertado del todo y está inundada de soledad. Ya me habían hablado de que el amor te hacía sentir como en una nube, pero no sabía que sería de esta forma porque... ¡vaya nube! O mejor dicho, ¡pedazo de hombre que tengo sentado aquí a mi lado!
Sí, sin duda alguna creo que ha sido una de las mejores noches que he pasado en mis 18 años de vida, aunque tampoco me acuerdo de muchas claro. Este bohemio empedernido se ha empeñado en hacerme la mujer más feliz del mundo, y se dejará la piel en ello para conseguirlo según me ha dicho en la velada tan romántica que me ha organizado. Pero lo que no sabe es que con que esté a mi lado cuidándome y haciéndome reír es más que suficiente. Me acaricia los nudillos de la mano izquierda una vez más y giro la cabeza. Me encuentro con sus ojos cálidos a estas horas tan tempranas de la mañana, parecen que son café y té unidos en uno y dan ganas de bebérselos muy lentamente, porque de perderme en ellos ya me perdí hace tiempo. Me sonríe e irradia una felicidad que hasta el taxista se da cuenta. En cinco minutos llegamos a nuestro destino y ambos nos damos cuenta de que nos hemos quedado embobados mirándonos el uno al otro. Sonreímos como dos niños ilusionados y me besa en el cuello. Me ruborizo de los pies a la cabeza, maldito poder tiene sobre mí. Paga el taxi y rápidamente me abre la puerta y me tiende la mano como un caballero. Salgo con cuidado de que mi equilibrio no me traicione, cierra la puerta, le da las gracias al hombre y me pasa la mano por la cintura.
Apoyo mi cabeza sobre su hombro, y me dejo guiar por él. No estoy cansada, de hecho, sólo tengo ganas de saltar. Han pasado millones de cosas esta noche que jamás podré olvidar. ¿Quién me diría a mi meses anteriores que acabaría así con él? Sin darme cuenta ya hemos llegado a mi urbanización, y me está mirando de reojo esperando a que me de la risa tonta por la que tanto me caracterizo. Le encanta que sea así de risueña y a mí, bueno, a mi me encanta que le encante. Intento mantenerme seria para parecer formal, pero empieza a hacer carantoñas y acabo estallando en carcajadas. Es lo más pegoso que existe y a mi me tiene embobada. Cuando me tranquilizo, me acaricia con la palma de su mano en la mejilla y yo inclino mi cabeza hacía su dirección, buscando su calor. Cierro los ojos para disfrutar de cada roce entre su piel y mi piel. Él se pega más a mí. Estamos pecho contra pecho y yo siento su respiración en mi oído.
-¿Sabes? Me ha encantado pasar esta noche junto a ti...-Me susurra muy flojito.
-Sólo puedo describir esta noche como maravillosa, gracias por cada una de las sorpresas, eres increíble.-Le respondo aún disfrutando de esa lenta y ardiente caricia.
Pasamos así los siguientes 10 minutos, abrazados, como si nada más importara. El sonido de su móvil nos sorprende. Es su hermano preguntando si está de camino a casa y si ya de paso traía el desayuno. Desgraciadamente llegó el momento de decir adiós. Nos miramos y le abrazo muy fuerte. No quiero separarme de él. Se aparta y me da un beso en la mejilla. Y por último y no menos importante, me dedica una gran sonrisa. Segundos más tarde lo veo alejarse camino a casa y yo me dispongo a buscar las llaves en el bolso.
De repente, como si lo sintiera de nuevo cerca, miro hacía la derecha. Estaba ahí de nuevo, a mi lado, sonriéndome y con las pupilas dilatadas.
De repente, como si lo sintiera de nuevo cerca, miro hacía la derecha. Estaba ahí de nuevo, a mi lado, sonriéndome y con las pupilas dilatadas.
-Me olvidé de algo.- Y nos perdimos en un cálido y largo beso.
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