Amanece en aquella playa al sur de Italia, un espectáculo digno de ver sin duda alguna. Se encuentra entre sus brazos aún medio dormida. Él la abraza con fuerza y ella siente que es allí, acurrucada en su pecho, donde viviría toda la vida. Cierra los ojos y recuerda la maravillosa noche que han pasado juntos.
Serían cerca de las 11 de la noche cuando él llegó al apartamento. Lo estaba esperando con una falda larga azul y un top blanco precioso que se compró antes de irse de viaje. ¿Dónde se habría metido toda la tarde? Se marchó sobre las 8 de la tarde con el bañador todavía puesto y había vuelto con camisa blanca y vaqueros. Guapísimo como siempre.
-Estás guapísima cariño. ¿Nos vamos a cenar ya?
-No más que tú mi vida y sí, cuando quieras, yo ya estoy lista.
Ambos salieron del apartamento y al llegar al paseo marítimo, él le tapó los ojos con un pañuelo de seda que tenía guardado en el bolsillo del pantalón.
-Te tengo preparada una sorpresa, confía en mi.-Le susurró al oído.
Un escalofrío recorrió su delgado cuerpo y afirmó con un ligero movimiento de cabeza. Caminaron la larga calle hasta llegar a un playa bastante chiquita e íntima.
-¿Preparada?
-Sí.-Contestó nerviosa.
Cuando le quitó el pañuelo y vio lo que le había preparado se quedó muda. Había un camino de velas encendidas hasta llegar a una mesa para dos que estaba rodeada con un enorme corazón también hecho con velas. Era la escena típica de las películas románticas que tanto le gustaban a ella. Se dio la vuelta y lo besó.
-Esto es precioso, gracias mi amor.
-Esto es tan sólo el principio.-La coge de la mano y la lleva hasta la mesa.
La cena estaba riquísima y con la luz de la luna llena y las velas alumbrándolos todo era aún más perfecto. Después de tomarse una copa de su helado favorito, él le ofreció su mano para enseñarle lo más especial de la noche. Tan sólo tuvieron que caminar unos metros para que una pequeña carpa blanca se alumbrara con un centenar de luces blancas. Dentro había una enorme cama adornada con un "ti amo" de pétalos. La llevó hasta ella y ambos se sentaron.
-Todo esto es increíble... -Le dijo ella.
-Tan sólo quería que nuestra última noche aquí fuera especial, y además quería confesarte algo. Hace mucho que nadie me hacía sentir lo que tú me haces sentir, y de hecho creo que nunca he querido a nadie como te quiero a ti. Eres especial, lo mejor que tengo en esta vida y no te quiero perder jamás.
Sus ojos reflejaban tanta sinceridad que se le aceleró el corazón. Se levantó de la cama y se colocó de pie entre las piernas de él. Lo estaba mirando fijamente con sus grandes ojos que ahora brillaban con más fuerza que antes.
-No sólo has hecho que esta última noche sea especial sino que has hecho que este viaje sea único y que mi vida sea perfecta a tu lado. Sólo tengo que decirte algo y escúchame atentamente... - Se acerca lentamente a sus labios mientras rodea el cuello con sus brazos- Te amo.
Y antes de que le diera tiempo a responder, lo besó como nunca antes lo había hecho.
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