Intentas, te caes, te levantas, lo vuelves a intentar pero por desgracia vuelves a caer, y cada vez levantarse cuesta más pero lo sigues haciendo. Sacas fuerzas de donde no las hay porque sabes que tan solo es un obstáculo más en el camino y que posiblemente vendrán caídas más dolorosas y levantarse costará más aún. Y luchas, luchas para que ese algo que quieres conseguir se haga posible. Pero no lo hace. Tan sólo sientes decepción, tristeza.. Y por supuesto cansancio. Ese cansancio de dar todo lo que está a tu alcance para que luego se haga cenizas delante de tus propios ojos y entre tus propias manos.
Desde pequeños siempre hubo alguien que nos ayudaba; si nos caíamos nuestros padres nos levantaban y nos curaban las heridas de las rodillas con mucho cuidado, pero ahora, años más tarde, nos vemos con el dilema de que aunque haya alguien ayudándote a levantarte de la caída cuesta mucho más, y que ni el mejor medicamento te quita el dolor. Y es así, así es la vida. Pero una cosa tengo clara, de todo se sale, y yo seguiré levantándome una vez más con ayuda o sin ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario