Una época que termina es otra época que empieza. Seis años después nos despedimos de lo que fue un cambio de la infancia a la adolescencia y bueno, he aquí el resultado. Muchos momentos buenos y malos han sido los vividos en Blas Infante y ni que decir queda que los buenos valen más que los malos, aunque estos últimos nos hayan hecho aprender. Sin duda alguna me quedo con las experiencias vividas, los intercambios, los profesores que nos han ayudado hasta el final, los besos y abrazos entre los cambios de clase, los spoilers en clases de filosofía, las risas con los compañeros, las peleas entre ciencias y letras... En general, con una lista interminable de cientos de cosas que quedarán guardados en una parte de mi corazón. Pero por supuesto me quedo con las amistades, con aquellos que han marcado esta época de aprendizaje. Son ellos los que han hecho que todo haya sido más ameno, los que nos han dado la mano para seguir adelante en los peores momentos, los que han llorado y reído contigo, los que te han enseñado lo que es un amigo de verdad y que alguna vez que otra han hecho de celestina, los que te dejaban las tareas cuando se te habían olvidado o los que te chivaban a lo bajito aquella palabra que no te acordabas en un examen de cmc. También han sido ellos con los que te has ido de viaje, con los que te has peleado por poner una fecha de examen, con los que te has ido a la biblioteca a estudiar o con los que te has ido de fiesta. Ellos, en conclusión, son los que han marcado ese antes y ese después convirtiéndose en personas esenciales en tu vida.
Ahora empieza algo nuevo, algo diferente, y no negaré que existe dentro de mi algo de miedo. Pero dicen que todo lo bueno empieza con algo de temor, ¿no? Sí, serán nuevos compañeros, nuevas sensaciones, nuevas experiencias, nuevo temario... ¿Pero quien dice que no será bonito? Con sus más y sus menos como en todo, pero cuando se termine estaremos orgullosos de ello, como ahora mismo estamos de esta finalización de Bachillerato. Aquí es donde empieza de verdad nuestro futuro, y cuando esté en una guardería rodeada de niños pequeños que me llamen "seño" recordaré que lo que en su día fue un sacrificio es lo que en un presente me da la felicidad.
Y sin más que objetar, sólo queda dar las gracias a los que han estado a mi lado; mi familia y mis amigos. Espero que aunque nos pueda distanciar un poco nuestro nuevo comienzo, no perdamos nunca el contacto y que por supuesto, nunca nos separe el olvido.
¡Que nunca te digan que no se puede!
