lunes, 9 de diciembre de 2013

Es... desconcertante.

Sí, yo creo que esa es la palabra exacta. Nosotros los humanos y nuestra manera de darle millones de vueltas a las cosas. Pero claro, eso no se suele quedar ahí. Somos unos tozudos y mientras pensamos en un cómo, en un cuándo, en un dónde y sobre todo en un porqué, llegamos a lo que se llama una espiral, que lleva a una desesperación por averiguarlo y asegurarte al cien por cien.
¿Pero que es lo que ocurre al final con todo esto? Pues bien, es bastante simple, aunque todo depende de quien se disponga a saberlo. Por un lado están los valientes, los cuales se enfrentan a la verdad y mueven cielo y tierra para conseguir averiguarlo. Y luego están los no tan valientes, que son capaces de meterse en esa espiral pero por temor al qué pasará en el intento de averiguarlo no hacen nada para llegar hasta el final. A cambio de esto, nos encontramos con dos situaciones completamente diferentes; los valientes que consiguen la verdad, y los no tan valientes que acaban con un puñado de conclusiones que sus mentes han creado. Y es ahí donde se podría decir que me encuentro yo la mayor parte de las veces. Mis conclusiones y yo, yo y mis conclusiones. Absurdas, estúpidas... O tal vez no tanto. Es a esto a lo que yo llamo desconcertante. Y posiblemente muchos me entiendan al decir estas palabras. Y es que llegas a un punto que con la ansia de saberlo relacionas absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle, y acabas con una historia en tu cabeza que al fin y al cabo sólo es eso, una historia inventada en tu mente para calmar, en cierto punto, esa ansia. Y esa ansia se calma, pero instantes más tarde empiezas a preguntarte si estarás en lo cierto o no, y le das más vueltas a la cabeza, intentado buscar más detalles, pero siempre acaban siendo suposiciones. 
Como diríamos los adolescentes, todo esto es demasiado "rallante". De hecho, la vida del adolescente es así, si no es por una cosa es por otra. De todas formas, quizás llegó la hora de concienciarse en que sino arriesgas no ganas, y que es cierto que si arriesgas puedes perder pero... ¿y lo que puedes ganar? Si queremos algo, tenemos que hacer lo que esté en nuestra mano para hacerlo, cada hora, cada día y cada semana para conseguirlo. Dejemos a un lado nuestro temor y consigamos ser esos valientes que arriesgan y ganan. Eso es lo que voy a hacer yo, y tú ¿te atreves?

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