lunes, 20 de octubre de 2014

Sin ti, yo no.

Hace rato que no se escucha nada, al fin hay silencio. Hace calor pero la casa parece estar fría como el hielo. Hay un jarrón roto a la entrada, aquel que compró con su mejor amiga en unos de sus viajes por el mundo; las llaves en el suelo, y bueno, no hablemos de su habitación... Los tacones estaban cada uno en una punta de la habitación, los peluches estaban todos tirados por el suelo, la americana que tan cara le costó reposaba a los pies de la cama y ahí, entre la penumbra, se encontraba ella. La almohada está húmeda y llena de maquillaje. Ella, por otra parte, se encuentra boca abajo con su osito de peluche al lado. 21 años y aún tiene la manía de abrazarlo cuando está mal.
Su móvil iluminó parte de la habitación cuando su mejor amiga empezó a llamarla. Media hora antes le había mandado un mensaje diciéndole que la necesitaba más que nunca y que ya estaba en el apartamento. La vibración consiguió levantarla pero cuando fue a descolgar, la llamada cesó. Se incorpora con cuidado y unas ganas tremendas de vomitar la invaden totalmente. Se levanta de la cama y consigue llegar a tientas al cuarto de baño. Después de aquel momento tan repugnante, e innecesario a su parecer, se mira al espejo. La pintura se le ha corrido completamente, los ojos los tiene totalmente hinchados, y parte de su vestido rosa de palabra de honor está manchado.

Entra en la habitación y enciende la luz, cualquiera diría que un tifón acababa de pasar por ahí, y tal vez sí, pero de rabia, de impotencia. La cabeza le da vueltas y se tumba. Mira el móvil, 7 llamadas perdidas; 4 de su mejor amiga y 3 de.. bueno, de él. Mira entre los mensajes enviados y encuentra dos que fueron mandados a las 5 de la mañana. De repente siente una punzada en el corazón y todo lo que había pasado en aquella noche de verano pasa como una película por sus ojos. ¿Qué haría ahora eh? ¿Qué?